
Mis palabras se enfrían con tu ausencia
y mi rostro deja de lado el sabor a mar.
El brillo de mis ojos titubea,
mientras se marchitan los besos húmedos
que calientan mi entrepierna.
Causante de desconsuelo,
que alejas mi cuerpo de tu espacio
y lo meas como perro para marcar todos los centímetro del territorio,
que se cierra para mi cada mes, cada semana,
cada día, hora, minutos, segundos, besos, caricias,
tocadas, gritos y demás.
y mi rostro deja de lado el sabor a mar.
El brillo de mis ojos titubea,
mientras se marchitan los besos húmedos
que calientan mi entrepierna.
Causante de desconsuelo,
que alejas mi cuerpo de tu espacio
y lo meas como perro para marcar todos los centímetro del territorio,
que se cierra para mi cada mes, cada semana,
cada día, hora, minutos, segundos, besos, caricias,
tocadas, gritos y demás.

Cuatro meses después me encontraba en la embajada Norteamericana, hablando en inglés con un viejo gringo que me concedía la visa a Los Estados Unidos. En ese momento no me importó la lista que había hecho de países europeos para conocer primero, pues el viejo continente quedó en un segundo plano para poder volar a la potencia mundial dentro de una semana y preparar mi equipaje.






